Viaje de exploración y para realizar un conjuro histórico. Primer Viaje.

Juan Ponce de Leon House boricuas en quisqueyard4

El tiempo avanzaba, quince minutos para las cuatro. Un pequeño grupo del total de los turistas aún se mantenían adentro de la casa museo en espera de la orden de marcharse. El taxista era ahora a quien se le notaba una gran inquietud. En cambio el investigador en este momento cuando se disponía ejecutar su misión se encontraba sereno, y concentrado como en un trance hipnótico. A pesar de que la hora de cerrar estaba pronto por producirse.                              

     “El doce de agosto es hoy, y no es mañana. De lo contrario si no entro ahora significaba esperar medio milenio más para ejecutar el plan. El ciclo cósmico orbital electromagnético que ha entrado la Madre Tierra traerá grandes cambios políticos y sociales en el ordenamiento internacional. Hay que entrar pronto o se arruina la misión”. Así pensaba concentrado mientras esperaba la orden. Se mantuvo así de pie esperando. Luego preguntó en voz baja: “¿Entro ahora?” El tiempo continuaba avanzando. Diez minutos para las cuatro. Caminó despacio hacia la entrada. El taxista lo siguió. Se detuvo antes de entrar y preguntó de nuevo: “¿Entro ahora?”                                                                                                    

       El horario de cerrar las puertas del museo al público se acercaba. Continuó concentrado mientras caminaba despacio. Se dirigió hacia donde estaban unos objetos antiguos que le pertenecieron a Juan Ponce de León. Por fortuna el pequeño grupo de turistas continuaban adentro del museo. Los encargados no podían cerrar hasta que éstos se marcharan. Lo que sucedió fue que un autobús venía de camino con cierto retraso. Como el grupo de los visitantes se dirigían hacia lugares diferentes se requería de otro transporte. El investigador continuó concentrado y mirando los objetos antiguos seleccionados.

“¿Qué hago ahora?”- preguntó con una voz casi imperceptible. Los turistas distraídos reunidos en otro extremo del museo no se percataban de lo que estaba ejecutando. El taxista lo observaba a una distancia prudente. Estaba acostumbrado a escuchar sus conversaciones solitarias. El investigador se encontraba de pie, frente a los objetos antiguos.

  Pero no todos los turistas estaban distraídos y ajenos de lo que acontecía. Entre ellos había uno que lo miraba con cierto interés sobre lo que estaba haciendo. El que lo reconoció cuando llegó al museo. Y quien estuvo en una conferencia que el investigador dictó en Colombia. Entonces caminó hacia donde se encontraba el taxista y le preguntó: “¿Qué está haciendo?” “No sé – le contestó. Habla solo, o con alguien que solamente él escucha y ve.”

Aunque el investigador se encontraba cerca no escuchaba lo que ellos hablaban. Estaba muy concentrado mirando los objetos antiguos. Al algo así como si estuviera fuera de este mundo. “En aquella conferencia se refería a que hay cosas que los sentidos humanos no lo pueden captar – dijo el turista recordando algunos detalles de su ponencia. Pero estas cosas que no se ven existen. Y se revelan en un lenguaje criptado o cifrado. Entonces lo que hay que hacer es darle forma a este lenguaje dentro el contexto histórico de la época”. “Parece que usted también entiende de estas cosas – le contestó el taxista -. Oiga los demás vienen a ver lo que estamos mirando”.

La curiosidad del resto de los turistas los venció. Eran como diez los que permanecieron adentro del museo. Uno de ellos se acercó primero. Luego los demás comenzaron a llegar poco a poco, hasta que todos se concentraron alrededor del investigador. El taxista les solicitó que guardaran silencio. El encargado del museo entró desde el patio y se percató que algo estaba pasando, y se acercó con curiosidad. Le pidieron también que callara. Pero él, como era el encargado del museo, les reclamó que aclararan lo que acontecía. “¿Qué sucede? – preguntó -. ¿Qué esta hace esta persona aquí?”  

El taxista le solicitó una vez más que hiciera silencio. Lo que se proponía era informarles a los turistas que el autobús estaba por arribar al museo, y que comenzaran a salir. Pero al ver al investigador en ese estado de concentración se sumó a los demás que observaban lo que acontecía. En efecto el transporte llegó. Tal parece que lo que se producía en aquel momento los contagio a todos. Llegó otro de los empleados del museo para anunciar a los turistas que procedieran a bordar. No tardó mucho para darse cuenta de que algo inusual sucedía. Calló de igual manera como si algo o alguien los manipulara. Todos quedaron atrapados en la misma solemnidad en que se encontraba el investigador ante aquellos objetos antiguos.

Afuera estaban el guardián del museo y el conductor del autobús. Éste esperaba que los turistas lo a bordaran para marcharse. Se desmontó y se acercó al vigilante que se encontraba sentado distraído cerca de la entrada que da acceso a las facilidades de este lugar histórico. Le preguntó: “¿Dónde están los turistas?” “Adentro”- contestó sin mirarlo-. “¿Puedo pasar?” “Entre” le respondió tarareando una melodía que escuchaba con unos audífonos.

Entró el conductor del autobús al museo. Se desplazó lento buscando dónde estaban los turistas. Los localizó al fondo hacia la izquierda. Estaban todos de pie reunidos y en silencio. Se dirigió hacia ellos despacio y atraído por una extraña curiosidad. Al llegar se colocó en una posición que sólo divisaba el rostro del investigador que pronunciaba unas palabras extrañas en voz baja. También aquello lo dominó y quedó paralizado sin mediar palabras. Luego para sorpresa de todos, el extasiado en aquel ritual despertó, y los miró extraviado como el que regresa de un profundo sueño. Salió abriendo espacio entre ellos. Caminó hacia fuera seguido del taxista. Le ordenó que encendiera el automóvil y se marcharan.”Oiga espere, déjeme hacerle una pregunta” – le grito el turista que lo conoció en una conferencia en Colombia.

      No le hizo caso. El automóvil arrancó y se desplazó rápidamente de regreso hacia el hotel. Luego de permanecer todo un día esperando para ejecutar la misión. Todos se quedaron atrás, los turistas y los empleados del museo. 

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