Viaje de Exploración y para Realizar un Conjuro Histórico: Ficción

juan casa de leonNicanor Jiménez Guzmán

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Caminaba despacio alejándose de un pequeño hotel donde pasó la noche. Su mirada estaba más allá de aquellos contornos pueblerinos por donde se desplazaba. Incesantes motocicletas pasaban de un lugar a otro y al cruzar una calle estuvo a punto de ser atropellado. Al mismo tiempo sus conductores le ofrecían los servicios de transporte. Él se negaba en todo momento. Solo quería caminar. La mayoría de estos motoristas se dedican al moto concho que significa en República Dominicana transportar pasajeros en sus motocicletas. Se repetía para sus adentros: “que locos son estos motoconcheros”. Continuó su marcha con sus meditaciones y concentrado en sí mismo.                                                                          

     Se retiró recientemente de un empleo en una corporación pública. Decidió visitar por primera vez la vecina isla antillana, una empresa de carácter muy personal que tenía pendiente desde algún tiempo. Unos meses antes de concluir sus treinta años como empleado se divorcio y ha vivido desde entonces como aquellos que han terminado una relación un poco desorientado y buscando una salida a su soledad. En estos tiempos de la gran crisis económica y social en la isla borinqueña muchas de sus gentes han emigrado hacia los Estados Unidos y, una buena cuota, especialmente los retirados, han buscado refugio en Quisqueya. La isla de Puerto Rico se encuentra en la encrucijada de estar ahora prácticamente despoblada. Viajó solo en uno de esos vuelos nocturnos. Desde el aeropuerto de la prestigiosa zona turística de Punta Cana se trasladó en un taxi hasta un pequeño pueblo que lo bordea hasta la desembocadura el río Yuma.

     ─ Qué buscas Bori tan lejos en este pueblito de San Rafael del Yuma ─ preguntó el taxista mientras conducía ─. Será que tienes una noviecita en este pueblo.

─ No exactamente ─ contestó con evasiva a la pregunta. No estaba en ese momento para esas nimiedades.

En cambio le explicó en el trayecto hasta llegar al hotel que se proponía visitar la casa donde vivió el primer gobernador colonial de la isla de Puerto Rico, que en aquella época se llamaba la isla de San Juan Bautista. Ahora que está por concluir la última gobernación colonial de la isla, luego de quinientos doce años, se propone recordarlo en un particular ritual de conjuro histórico. De carácter muy personal por su puesto, y lo que ha significado su condición de subordinación política. Su gran deterioro económico y el gran despoblamiento en que ha terminado la isla en los últimos tiempos. Son muchos más los puertorriqueños que viven fuera en el exterior que los que viven en su propio país. Le expuso más o menos así estas cosas. El taxista tal vez no entendió nada.                                                                

Se alojó esa noche en un hotel de este pequeño pueblo. Era hasta hace poco un funcionario burócrata de alta jerarquía de una corporación pública. No solo debió ser un aburrido ejecutivo como es también su evidente personalidad. Porque se le nota en su talante y su actitud discursiva. Se graduó de abogado pero nunca ha ejercido la profesión. Es un lector asiduo y además aficionado a la investigación histórica. Pertenece a un equipo de tres investigadores de orientación esotérica y a la vez científica. Una especie de híbrido entre la metafísica y la ciencia.                                                              

Leyó toda la noche sobre este primer gobernador colonial de la isla de San Juan Bautista. Sí, me refiero a Juan Ponce de León, quien por autorización del  gobernador de La Española, Nicolás de Ovando, conquistó la isla de Borikén. Se ha propuesto en este primer viaje a la República Dominicana realizar un conjuro histórico en la casa donde vivió, que en la actualidad es un museo. Para romper con el hechizo dejado por el que después de ser destituido de su puesto de gobernador colonial se fue a buscar su inmortalidad en la península de la Florida. Para luego regresar a su antigua villa, considerada por él como un paraíso, localizada al este de la República Dominicana, para vivir en este lugar para siempre. La historia nos cuenta que fue a buscar la fuente de la juventud a la Florida pero en realidad lo que buscaba era su inmortalidad. Murió en Cuba sin poder regresar a su villa. Esta es la opinión de este investigador aficionado. Continuó leyendo todo lo que pudo durante la mañana. Luego salió del hotel después del medio día a conocer el pueblo.

Continuó caminando un buen rato por las calles principales y por la zona de un parquecito, o una plaza como se dice en Puerto Rico, donde se congregaba muchas personas como normalmente se hace en los pueblos pequeños. Al avanzar la tarde decidió entonces acudir a un buen restaurante para comer mariscos. “Este es un pueblo costero por esta razón deben vender buenos pescados, crustáceos o moluscos”, pensaba.  A la primera persona que divisó le pregunto:

─ Amigo, dónde puedo encontrar un buen restaurante de mariscos.

─ Bori, usted ve ese palo de luz y la mata de mango, donde se ve ese letrero, ahí hay un comedor donde venden buen mariscos. Y económico ─ le contestó.

Ya se percataba que todos le llamaban Bori. Su nombre es Juan Manuel Méndez, sus amigos y su familia le dicen Juanma y en la oficina donde trabajaba licenciado. Ahora comienza adoptar otro nombre como una nueva personalidad.                                                                                                        

“Me siento en este primer día en Quisqueya como si fuera otra persona”, se decía para sí mismo mientras reflexionaba sobre estos cambios de nombres y hasta de su identidad. Todas las personas desde que llegó por la noche al aeropuerto lo han llamado Bori. Como si se conocieran desde hace tiempo. El taxista, los empleados del hotel, el transeúnte que lo orientó para llegar al comedor y ahora una bella camarera que lo recibió en el restaurante. Lo de Bori no le sorprende. Sabe muy bien la fuerza ancestral indígena de la cultura taína y del nombre de Borikén como le llamaban a los antiguos habitantes de la isla de Puerto Rico.

─ Dónde deseas sentarse ─ le preguntó la camarera.

─ Prefiero lo más alejado de la música ─ le respondió observando todo en detalle en el comedor y a unos parroquianos. Este establecimiento no es un simple restaurante, sino una especie de bar con música ruidosa y se bailaba incluso con las camareras. 

Escogió una mesa lo más lejos posible en la parte menos bulliciosa. Desde donde lo podía divisar todo. Ese era su estilo tal vez por su vocación de investigador. Pidió carrucho. La camarera se sorprendió y se rió porque no entendió. Para entenderse en este impasse lingüístico le explicó de donde se saca. Un molusco extraído de un caracol marino.  Al  explicarle así entendió de una vez.

─ Ya sé, lambí ─ dijo la camarera.

En lo adelante cada palabra desconocida dominicana la escudriñaba como por ejemplo cuando la camarera le dijo que si quería cachú para los fritos. La miró. Luego de pensar detenidamente le respondió:                                                

─ Cachú debe ser el ketshu y los fritos los tostones.

En este primer día en quisqueya le pasaron muchas cosas interesantes. Ha sentido que en cierto modo ha cambiado su identidad. Tiene definitivamente otro nombre. El Bori. Comenzó a descifrar algunas palabras. El poste de luz es el palo de luz, el árbol de mangó es la mata de mango, así mismo sin acento. El comedor en vez de decir la cafetería, las motocicletas son motores o los motores de concho, como aquellos que le ofrecieron sus servicios de transporte y se negó en todo momento.La plaza de recreo como el parque, ketshu como el  cachú, los tostones son los fritos y el lambí por querer decir carrucho en puertorriqueño.                                                                                                            

Regresó al hotel al anochecer de nuevo caminando. Antes de irse al descanso se propuso comenzar los preparativos para el ritual del conjuro histórico que ejecutaría en la mañana del otro día en la casa museo Juan Ponce de León.         

 

 

 

 

 

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