Viaje de Exploración y para realizar un conjuro histórico: Ficción

casa juan de leonPor : Nicanor Jiménez Guzmán

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A las diez de la mañana abrieron al público la histórica casa museo. Al mismo tiempo llegaron tres autobuses repletos de estudiantes. El  investigador, que ahora se le ve un poco preocupado, decide esperar el mejor momento para comenzar su operación secreta. Se le complica la misión. Mientras tanto miran desde una distancia prudente la llegada de los escolares, quienes dentro de su euforia juvenil no se percatan que estas dos personas extrañas los observan y esperan por ellos. Precisamente en este curioso día de verano de fecha el 12 de agosto los otros dos investigadores boricuas esperan en las Ruinas de Caparra, la otra casa construida por Juan Ponce de León en la isla de Puerto Rico. Según se podrá colegir del comportamiento hasta ahora entre los actores principales en esta misión se llevará a cabo en una perfecta coordinación. No  nos queda otra alternativa que esperar que los acontecimientos continúen desarrollándose.       

 El 12 de agosto de 1508 Juan Ponce de León inicia la conquista de Borikén. Esta fecha es una simple coincidencia o es parte del plan. No lo sabemos a ciencia cierta. Es una misión secreta que por su propia naturaleza muchas cosas no la conoceremos nunca. Pero acudir a las conjeturas no será un esfuerzo inoficioso.

Desde la tranquilidad de un amanecer y una mañana sosegada irrumpió de súbito el alboroto de la muchachada estudiantil. Entraban y salían de la casa museo tal como si estuvieran en un parque disfrutando de unas vacaciones. En el caso de los primeros dos visitantes, quiero decir los que son ahora los dos espectadores, que llegaron al salir el sol a este histórico lugar, continuaban esperando que se disipara un poco y los estudiantes se tranquilizaran o se cansaran de jugar. Éstos son escolares de alguna escuela primaria.                                                                                  

Luego llamaron a los estudiantes a entrar a la casa museo. Se juntaron uno al lado del otro hasta llenar todo el espacio disponible, y hasta ocuparon la misma puerta de entrada. El espacio disponible adentro no es lo suficiente grande para colocarlos a todos. El guía turístico comenzó su exposición sobre su significado histórico. Se le escuchó decir claramente que en el día de hoy 12 de agosto se conmemora quinientos doce años del inicio de la evangelización de la isla de Puerto Rico y de la llegada de la cultura y la civilización. El taxista miró al investigador pues sabía que difería de lo que había escuchado exponer  al investigador momentos antes de la llegada de los estudiantes. El contraste era evidente. Él dijo que fue una embestida de conquista y exterminio de los habitantes de estas islas. Ahora por otro lado el guía dice que los europeos venían a evangelizar a los indígenas.

─ Así ha sido siempre, irónicamente, la manera de explicarles cuál es el significado histórico de la conquista y exterminio de la población indígena que habitaban estas islas antes de la llegada de Colón – le dijo sin mirarlo y con una cara de indignado ─. En todos los tiempos nuestros sistemas educativos se han referido al descubrimiento como una empresa civilizadora. En cambio no le explican, como debería ser, que el poder hegemónico de los imperios europeos desde aquellos tiempos, le impusieron su cultura y su religión, hasta su concepción de la vida y la muerte, que difería de las creencias de los taínos. 

Ante estas palabras pronunciada por el investigador el taxista solo se limitó escuchar. No lo miró, ni reaccionó. Porque continuó muy concentrado a lo que exponía el guía turístico. Era evidente su interés en este asunto. La voz del expositor desde dentro de la casa museo resonaba con una dicción metálica y melodiosa. Debe ser un experimentado en este oficio. Programado con un libreto que alguien le debió haber escrito. Los estudiantes seguían muy atentos en silencio el discurso. De pronto uno de ellos le preguntó: ¿Cristóbal Colón vino a evangelizar a los indios? El investigador y el taxista se miraron al escuchar la pregunta. Se acercaron a la puerta de entrada. No querían perderse ningún detalle de la respuesta. Pero se limitó a decir que el Almirante fue el jefe de la empresa del descubrimiento. Luego de la respuesta prosiguió con el discurso programado. Esperaban que abundara sobre la inquietud del estudiante.

─ ¿Qué opinas sobre lo que dijo?─ preguntó el taxista _. Yo me imaginaba que le iba a decir que sí. A evangelizar a los habitantes que encontraron cuando el descubrimiento del nuevo mundo. Luego le explicara otras cosas.

El investigador no hizo ninguna expresión sobre el particular. Solo calló y no le respondió. Regresaron al lugar donde estaban sentados en espera que terminara la visita de los estudiantes. Él ahora era quien permanecía callado, concentrado y cabizbajo. El guía continuo en su alocución sin salirse de su libreto. De su discurso. Los estudiantes ya se les veía inquietos muy deseoso que terminara con su exposición.

Cuando los estudiantes salieron de la casa museo, dando por finalizada su visita, luego de las doce del medio día, se le vio al investigador animarse y se puso inmediatamente de pie. Por fin podía comenzar a ejecutar su misión. Pero su entusiasmo no duró mucho tiempo. De nuevo llegaron tres autobuses repletos de pasajeros. En esta ocasión se trataba de un grupo de turistas extranjeros. De acuerdo al acento eran turistas suramericanos. Estos visitantes en cambio se desplazaban tranquilamente y despacio por los alrededores y dentro de la casa museo, con las cámaras en mano tomando fotos y videos a todo que se les ocurriera captar. Inclusive a ellos que se encontraban sentados y de forma discreta. Esto le incomodó un poco al investigador y trato de bajar la cabeza para impedir que le tomaran fotos. Al ver su reacción de molestia el taxista le preguntó:     

 ─ No le gusta que le tomen fotos ─  dijo en forma jocosa ─. Tal vez tenga suerte y alguien se interese por usted en la red.

Entonces el investigador lo miró de manera repulsiva y le dijo:

─ El internet y las redes sociales han suprimido la privacidad de los usuarios. La intimidad de las personas ha sido sustituida por la vida expuesta al público masivamente a nivel mundial. Nadie que se encuentre conectado a la red tiene garantizada su intimidad. Ni siquiera en su santo hogar ni en ningún lugar. Imagínese usted, chateando con una amiga, no se percata que alguien los rastrea. Incluso si es necesario, desde un satélite orbital fotografían tu casa o tu automóvil cuando sale y te pueden seguir a donde te desplace. En cualquier lugar del planeta. ¿Esto es la garantía del derecho a la intimidad de la persona que tanto se pregona en el estado de derecho actual? Somos un número. Entre la población mundial cada uno de nosotros que habitamos este planeta somos un número. La única manera de salir de estos cálculos siniestros es no estar conectado.                                                    

Cuando terminó de pronunciar estas palabras se puso de pie. Caminó unos pasos hacia delante y luego regresó junto al taxista. 

Nuestro personaje cada vez nos da una pista. Será un paranoico con delirios de persecución como diría un facultativo psiquiatra o algún psicólogo. Puede que tenga algún conocimiento que la mayoría de la gente desconoce. 

Los turistas caminaban de un lugar a otro. Muy diferente a la visita de los estudiantes. Le han permitido tomar todo el tiempo que ellos estimen necesario para tomar las fotografías, para desplazarse por los alrededores y disfrutar de la campiña donde ubica la casa museo. En un momento se percatan que uno de los turistas se les acerca. Al llegar ante ellos se dirige hacia el investigador:                                                                                                   

─ ¿A usted yo lo conozco? – preguntó el turista.

─ No sé – contestó en voz baja el investigador –. Yo nunca lo he visto.

─ Ahora recuerdo. ¿Usted es puertorriqueño?

─ Si – le dijo –. ¿De dónde me conoce? 

─ En una conferencia que dictó sobre el método esotérico en la investigación histórica, o algo así, más o menos. Y trato sobre aquellos personajes históricos en la conquista y colonización de América que revisten alguna importancia. Pero que a luz de la metodología de la investigación histórica tradicional no se pueden revelar las verdaderas razones de la empresa del descubrimiento. En realidad fue una conferencia que me llamó mucho la atención. Por cierto muy pocas personas asistieron. Usted sabe, a casi a nadie le interesan estos temas.

─ En una feria del libro celebrada en Bogotá, Colombia. Hace como dos años_ le recordó el investigador.

─ Si, exactamente. Bueno me voy que nos llamaron para la exposición del guía turístico que nos hablará sobre el museo. Nos vemos.

De nuevo se sentaron en la espera que terminara con su otra exposición. Pero se sorprendieron. El libreto fue otro. Esta vez dijo que Juan Ponce de León era un empresario exitoso. Vivió en esta casa con su esposa y sus tres hijas desde el 1505 hasta el 1508 cuando partió a colonizar la isla de Puerto Rico. Ahora no era un evangelizador sino un empresario. Aunque está cercano a la verdad según la opinión del investigador. Era un buscador de fortunas que se le habrían las puertas las tierras recién descubiertas. Pero era un esclavista que venía con la misión de sojuzgar a los habitantes de las Antillas y extraer todo el oro posible por su afán de riquezas. También venía con otra misión secreta encomendada por la Corona, dijo el investigador.

El tiempo transcurría y la casa museo cierran sus puertas al público a las cuatro de la tarde. El investigador se inquietó porque algunos de los turistas se quedaron a dentro en espera de otras instrucciones de los guías. El reloj marcaba las tres y treinta minutos. Era necesario que se despejara para ejecutar el plan. El taxista continuaba atento a todo. Por pura curiosidad le preguntó:

─ Cómo usted va a coordinar con los otros investigadores

Sorprendido por la pregunta el investigador lo miró y le cuestionó:

─ ¿Cómo se enteró de los otros investigadores?  Alguien se lo ha dicho.

─ No. Lo escuché cuando usted hablaba solo.

─ Yo no hablo solo. Es con alguien que usted no ve – le dijo para salir al paso _. Pero olvídese del asunto.

─ Discúlpeme. Pero cómo va a coordinar la operación si usted no usa teléfono celular – preguntó de nuevo _. Ahora mucho menos entiendo lo que hasta haciendo.

─ Su trabajo es precisamente no saber. Así es como se maneja esta misión.