Viaje de Exploración y Para Realizar un Conjuro Histórico: Ficción

juan casa de leonPor: Nicanor Jiménez Guzmán

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      Temprano en la mañana partieron hacia la casa museo . El taxista, quien lo transportó a este pueblo desde el aeropuerto la noche cuando arribó en aquel vuelo nocturno, llegó puntual al hotel a la hora acordada, quince minutos antes de las seis. Solamente el taxista conocía de la misión. Tenía que contar con una persona de confianza, aunque no todo se lo había explicado. Su conocimiento se circunscribía a un conjuro histórico. Nada más. Todo lo demás forma parte del velo de misterio que le rodea. Incluso para el narrador que, aunque omnipresente sobre todo lo que se relata, serán muchas cosas en estas historias que quedaran ocultas.

      Las interrogantes del taxista no se hicieron esperar. ¿Por qué esta visita al museo tan temprano cuando lo abren al público a las diez de la mañana y este viaje no se demorará ni siquiera treinta minutos? Le formuló esta y otras tantas preguntas sobre esta misión. El investigador permanecía callado mientras el automóvil donde viajaban continuaba su marcha. Para su sorpresa comenzó hablar.

      ─ Es cierto. Pero ya es hora que comience a explicarme lo que voy hacer ─ dijo.

     ─ ¿Qué? ─ reaccionó sorprendido el taxista ─. Todo lo contrario, es usted quien tiene que explicarme lo que voy hacer.

 El investigador boricua continuó conversando sin dirigirse al conductor del taxi. Como si estuviera hablando solo.

     ─ Muy bien espero hasta que llegue al museo ─ respondió. 

     ─ No entiendo lo que me dices ─ dijo mirándolo desatendiendo la marcha del automóvil.

     ─ Atienda el volante ─ lo reprendió.

     Ahora se inquietó. Continuó con su interrogatorio. Esta vez insistió en sus preguntas y su tono de voz denotaba su molestia.

     ─ Cálmese y siga conduciendo ─ le dijo.

     ─ ¿Con quién habla usted? ─ le preguntó ─. Si no tiene ningún audífono. Tampoco usted tiene en este momento ningún teléfono celular. ¿Con quién habla?

     Cálmese, le repitió. Entonces procedió a explicarle algunas cosas. Pero en realidad lo que buscaba era que continuará conduciendo sin decirle nada. Le prometió que cuando llegaran le revelaría la verdadera razón de este viaje. En efecto estaban próximos a arribar a la casa museo donde vivió Juan Ponce de León.

     Al llegar todo se encontraba solitario. Solo el guardián que se amanece custodiando este lugar histórico. Arribaron algunos minutos antes de las seis y media. Esta histórica casa museo se encuentra localizado en una zona campestre y aislada de la pequeña ciudad. En realidad es parte de la sabana por donde discurre hacia la costa el río Yuma. Cuando llegaron aun se sentía la frescura de la campiña al amanecer. Inclusive a la distancia se podía ver una neblina tenue que se deslizaba por el valle.  

      “Este hombre debe ser un demente”, se decía para si el taxista. Mientras el investigador boricua se alejaba caminando hacia uno de los extremos de la planicie donde ubica la casa museo. Desde la distancia lo observaba. Lo miraba con curiosidad que conversaba solo y gesticulaba como si estuviera hablando con otra persona. Se dijo para si una vez mas: “Este hombre tiene problemas o es un loco”. Luego se le acerco y le repitió la pregunta:

    – ¿Con quién habla usted?

     ─ Tienes razón, creo que merece que te explique algunas cosas – le dijo -. Tenemos mucho tiempo, el museo lo abren a las diez. Estas son cosas que no se conversan con todas las personas. Pero al estar aquí usted lo menos que puedo hacer es decirte en términos generales en que consiste la misión. Recuerde que cuando salí del aeropuerto varios taxistas al mismo tiempo me reclamaron ofreciendo sus servicios. Pero al observarlo tan tranquilo en una esquina, lo escogí a usted.

    ─ Es cierto, me di cuenta que así usted lo hizo – recordó el taxista ─. Esa noche no tenía muchos deseos de trabajar. Pero mira lo que resultó ahora, tengo mucho trabajo.

    ─ Muchas veces lo que uno busca no lo encuentra. En cambio, surgen de la nada lo que uno no está buscando – le respondió con su estilo particular de exponer sus ideas. Pero aun estaba indeciso si le decía la verdad de sus diálogos solitarios. Calló y bajó la cabeza en un gesto de reflexión. No sabía por donde empezar. “De todos modos no creería”, se dijo para si mismo. Se enderezó y miró fijamente hacia el frente. En realidad no miraba nada hacia la distancia, sino algo o a alguien cerca -. Muy bien, se lo explicaré de esa forma.

     Ahora el taxista estaba más confundido. Permaneció callado esperando que comenzara con la exposición. Digamos unos cinco minutos hasta que comenzó hablar el investigador boricua.                        

 Usted sabe un poco de la historia dominicana, le preguntó. El taxista contestó en la afirmativa. Ha oído hablar de los taínos. También dijo que si. Pues bien, como usted sabe, en aquellos tiempos cuando los taínos convivían pacíficamente en estas islas antillanas fueron invadidos por los europeos. Lo que se le ha llamado como el descubrimiento del nuevo mundo. Pero en realidad fue una invasión cruenta y de exterminio contra los antiguos habitantes antillanos. La conquista se inició precisamente en esta isla que Colón le llamó La Española. Pero que los indígenas que la habitaban en aquellos tiempos le llamaban Haití, que significa la tierra alta. Y luego bajo el mando de Juan Ponce de León se lanzaron a la invasión y conquista de la isla de Puerto Rico, que los taínos le llamaban Borikén, que significó en el idioma indígena tierra del valiente señor.                                                                                                               

     Lo denominación de Haití como la isla de tierra alta es por la observación de las montañas más elevadas en comparación a las montañas más bajas en la isla de Borikén. Es lo mismo que decir las montañas de menos elevación en la isla de Puerto Rico en relación a las montañas más elevadas de la República Dominicana. Era común que los taínos navegaran entre las dos islas, y por tanto, podían así observar a la distancia desde el mar la diferencia en cuanto a la elevación en ambas. Salió Juan Ponce de León hacia la conquista de Borikén desde donde ahora nos encontramos. Este fue su punto de partida, desde su residencia, el 12 de agosto en el año 1508.   

─  Entonces esta era la casa de Juan Ponce de León – dijo el taxista muy pensativo escuchando la exposición.

─  Desde donde se inició la invasión y conquista de Borikén – le respondió el investigador -. Hace quinientos doce años exactamente, porque el día de hoy es 12 de agosto. Aquí en esta casa se organizó la invasión de genocidio y exterminio de sus habitantes.

     En este momento los dos se encontraban sentados. En espera que abrieran al público la casa museo. Continuó con su exposición. Los taínos de Borikén lo recibieron pacíficamente. Entablaron su guaytio como gesto de buena voluntad. El guaytio era una especie de ritual en el que se efectuaba un intercambio de nombres con los visitantes o intercambio entre mujeres y hombres, y según han explicado algunos historiadores, posiblemente la ciudad de Ponce, localizada al sur de la isla, formó parte de un intercambió con el nombre Juan Ponce. El recibimiento por parte de los taínos se efectuó en una verdadera actitud pacífica. En cambio los conquistadores tenían otras intenciones. El cacique que los recibió fue el llamado Agueybaná I, porque luego a la muerte de éste asume el liderato llamado cacique Agueybaná el Bravo.        

  A pesar del recibimiento pacífico de los taínos los españoles sometieron a la población indígena a un régimen de esclavitud llamado las encomiendas. Mediante este régimen se repartieron a los habitantes de las distintas comarcas como esclavos. A las mujeres y los niños capturados eran vendidos como animales. Muchas de las féminas fueron violadas. Los hombres sometidos al trabajo forzoso en la extracción de oro y la siembra de yuca que era el alimento principal que se cultivaba en la isla. Esto duró más o menos dos años, desde el 1508 al 1510, o hasta el principio del año 1511, cuando dio inicio la rebelión indígena. Comandó a los indígenas Agueybana el Bravo. Por la parte de los españoles le correspondió dirigir los enfrentamientos a Juan Ponce de León. Los combates y las cabalgaduras contra los indígenas alzados se prolongaron por varios años. Los taínos fueron vencidos en la guerra abierta, realmente las armas que contaban los españoles eran superiores.                                             

       Muchos sobrevivientes huyeron a las islas vecinas y otros se internaron a los montes boscosos del interior en la búsqueda de la protección de la madre naturaleza. Los taínos sobrevivientes continuaron con ataques sorpresivos tales como el método de la guerra de guerrilla. Nunca lograron someter a los indígenas porque en todo momento por muchos años se registraban ataques sorpresivos. Juan Ponce de León no logró realmente pacificar a los indígenas alzados y luego se marchó de la isla.

─  ¿Qué hizo entonces Juan Ponce de León? – preguntó ─. ¿Que tiene que ver estos hechos de la historia con este museo? No le veo relación alguna.

─  Juan Ponce fue destituido como gobernador colonial. Años más tarde consiguió la autorización para la conquista la península de la Florida. Supuestamente se fue en búsqueda de la fuente de la juventud. Pero en realidad lo que buscaba era otra cosa como te expliqué en el día de ayer. Lo que buscaba era más bien su inmortalidad.  

Ante estas observaciones del taxista se quedó pensando un buen rato. Él sabía que además de su oficio  tenía ante sí una persona que había estudiado. Desde el principio estaba muy consciente de ello, y por esta  razón lo había escogido para que lo acompañara en esta misión. Miró una vez más hacia el frente, a la distancia. Hizo un gesto de afirmación con la cabeza. A su lado el taxista lo observaba, como siempre, con extrañeza. Se percataba que alguien le hablaba que él como su interlocutor no veía ni escuchaba. Sencillamente entraba en un trance desconocido. Esta vez no dijo nada. Continuó con su exposición.

Entre los historiadores se ha debatido sobre cuál de los viaje de Cristóbal Colón vino Juan Ponce de León. En el primero viaje o en el segundo. También si viajó junto al gobernador colonial de La Española Nicolás de Ovando. Esto es indiferente a lo que voy a decir. Lo importante es que en uno de los dos primeros viajes de Colón vino Juan Ponce al nuevo mundo. Hizo otra pausa larga para ver como continuaba con la exposición. El mismo Almirante Cristóbal Colón y su tripulación no descubrieron ningún nuevo mundo, por casualidad ni por accidente se toparon con esta parte del globo terráqueo desconocido por la mayoría de los europeos. Sino todo lo contrario, sabían muy bien para donde se dirigían o al menos el Almirante sí tenía el conocimiento para donde venía.

En aquellos tiempos ya se tenía conocimiento de una ruta, y existían mapas cartográficos diseñados por navegantes diestros que realizaban la travesía por la Mar Océano. Es que en aquellos tiempos una Orden Secreta portadora del conocimiento querían llegar primero a esta parte del mundo con el propósito de implantar su plan para conducir al mundo a su plena realización. Pero su plan se malogró cuando otros intereses poderosos intervinieron. Juan Ponce de León fue un enviado para impedir aquellos propósitos de los iluminados de aquella época. Hasta aquí es todo lo que te puedo decir. En realidad yo mismo no sé sobre muchas cosas que aun permanecen ocultas. Solo te puedo decir que se me envía aquí para realizar este conjuro histórico. 

─  En realidad me has dicho mucho pero al mismo tiempo has dicho nada – reaccionó así el taxista muy concentrado en lo que el investigador exponía. Pero por ahora se mantuvo conforme con la explicación.                                        

    Ante las evidentes interrogantes que han quedado le propuso que le diera un compás de espera. En tanto las cosas en esta misión se vayan desarrollando. El taxista lo aceptó.            

      ─  Oiga Bori, cuál es su nombre – le preguntó ─. Bueno, ya es hora que  conozca su verdadero nombre, no es verdad.

─  Y cuál es el suyo – preguntó también el investigador ─. Mi nombre es Juan Manuel Méndez. Pero me llaman Juanma. Me puedes decir Juanma o el Bori como me dicen aquí en dominicana. Como usted prefiera.

─  Mi nombre es Felipe Almonte o Félix como me llaman todo el mundo. Como usted quiera llamarme – le contestó.