Personajes Notables – Eugenio María de Hostos – Segunda entrega

En los anteriores escritos sobre Eugenio María de Hostos hemos reseñado algunos datos de su fecunda vida que quizá los boricuas conocemos, y también los dominicanos, porque quisqueya fue su segunda patria. Habíamos comentado que el propio Hostos decidió ser un expatriado si sus compatriotas boricuas cambiaban de un yugo (España) por otro yugo (los americanos) a raíz de la invasión de Estados Unidos a la isla en el 1898. Murió en el 1903 en Santo Domingo donde residió los últimos años de su vida. Por la grandeza de su vida, como intelectual del calibre continental y su obra imperecedera, se debe considerar sin lugar a dudas, el personaje boricua más notable en quisqueya. Júzguenlo ustedes mis amigos lectores cibernautas.

Pero se ha quedado algo en el tintero, como se decía en aquellos tiempos del mismo Hostos cuando se escribía con la pluma fuente o en estos tiempos modernos de la tecnología que se debería entonces decir que algo se ha quedado en el teclado, una pregunta muy importante: ¿Por qué siendo puertorriqueño reposan sus restos en el Panteón Nacional de los Héroes de República Dominicana?

Pero antes de contestar a esta pregunta reseñamos una investigación, curiosa por demás, realizada por el periodista dominicano Jesús de la Rosa y que escribiera en el periódico Hoy, en la fecha del 5 de agosto del 2005. Expresa en este reportaje periodístico que los restos mortales de Hostos, que antes del traslado en el 1985 al Panteón Nacional de los Héroes, reposaban en una tumba solitaria situada en el traspatio de la Escuela de la Juventud, dependencia del Arzobispado de Santo Domingo, donde una vez funcionó la biblioteca del Ayuntamiento de la Capital. Antes, sostiene el periodista, nunca se celebró acto alguno de recordación del ilustre maestro boricua. Hasta mediado de la década de los 70 la tumba de Hostos siempre estuvo bien cuidada. Cuenta este periodista que una señora de nombre Antonia Pérez, muy entrada en edad, que vivía en los alrededores, se ocupaba de mantenerla limpia. Las malas lenguas de Ciudad Nueva ─ sigue diciendo el citado investigador ─ propagaban la especie de que la anciana había sido amante del patriota puertorriqueño y que producto de esa relación tuvo un hijo de Hostos. La Ciudad Nueva para los boricuas que no conocen bien la ciudad capital de Santo Domingo es contigua a la Zona Colonial. Lo cierto es que Doña Antonia vivía con un sobrino llamado Eugenito. Esto dicho en nada desvirtúa la grandeza del ilustre boricua. Sobre grandes hombre en la historia se han tejido siempre cosas como lo anterior narrado.

Pero aún no hemos contestado la pregunta. Pues, un Presidente de la República Dominicana, en junio de 1985, don Salvador Jorge Blanco, por decreto dispuso del traslado de los restos mortales de Hostos al Panteón Nacional de los Héroes. Dispuso textualmente en el decreto que “En reconocimiento de sus altos méritos como preclaro pensador, educador ejemplar de varias generaci

Uno, de sus más dilectos discípulos, Juan Bosch, salió en su defensa. Dijo Bosch en su respuesta a la oposición pública de este líder de la Iglesia Católica, que “la escuela de Hostos, su escuela “sin Dios” fue la obra creadora de resultados positivos para los dominicanos en tanto que la escuela “con Dios” sostenida por la iglesia católica ha sido y sigue siendo devastadora, una plaga aniquiladora de todo lo generoso y bueno que produjo Hostos”. Hostos postulaba, recuerden, una escuela laica. Esto lo tomamos del mismo escrito del periodista antes citado, sacado del periódico El Nacional de fecha 27 de junio de 1985.

ones de dominicanos y fundador de la Escuela Norma, la primera escuela de maestros normales de la República”. El 30 de junio del 1985 se procedió con el traslado en una ceremonia discreta, no como se lo merecía Hostos, porque se suscitó un debate público, el arzobispo metropolitano de Santo Domingo, Nicolás de Jesús López Rodríguez, se opuso ténazmente.

 

 

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